Elecciones en Alemania: las urnas como laboratorio político

El mejor indicador termopolítico no es una estadística, ni una encuesta, ni siquiera un artículo de prensa o un reportaje. Es la Prueba del Padre.

El Padre es aquella figura que cada domingo madruga sin necesidad de hacerlo, y baja a comprar la prensa con la reverencia que destilan las personas que durante años no compraron prensa porque no era libre. El Padre puede ser tu propio padre, o un familiar cercano, o ese señor que se sienta en el banco de la plaza cada domingo a leer la prensa. El Padre es aquel que, sin ser un experto en política, deportes, economía o internacional, desprende un conocimiento general cincelado a fuerza de leer prensa durante años que le hace reconocer los acontecimientos importantes de los que son mero ruido comunicativo.

Hoy, bastaría hacer la Prueba del Padre caminando por la plaza para saber que es un día importante en Europa. Porque hay domingos donde el Padre está más relajado, con una media sonrisa y dejando que el sol le toque la cara mientras lee. Pero hoy está más encorvado hacia delante, el ceño más fruncido, el gesto más tenso. Porque hay elecciones locales y federales en Alemania, a cuatro semanas vista de las elecciones para la Cancillería. Sajonia, Turingia y el minúsculo estado federal del Sarre celebran elecciones que van a ser claramente un espejo en el que medir resultados para dentro de un mes, y sobre todo, alianzas de gobierno que serán a todas luces necesarias.

Tomemos el Delorean para viajar cuatro años atrás en el tiempo.

2005. Elecciones a la Cancillería. La erosión política de Schröder, canciller del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), le presenta ante el electorado como acabado tras 7 años en el poder y aprobar toda clase de recortes sociales que minaron la enorme base social con la que accedió al poder. La campaña arranca con Angela Merkel, candidata del CDU (Partido Democristiano Alemán), con más de 15 puntos de ventaja; pese a su absoluta inexperiencia en tareas serias de gobierno, Merkel ha logrado ganarse las simpatías de muchos alemanes, más allá de su ideología política, por haber conseguido la jefatura de un partido tan rígido como el CDU siendo una mujer, y procediendo además de la antigua Alemania del Este. Merkel, pese a estos logros objetivos, no consigue conectar con el electorado, mientras que Schröder hace una campaña agresiva y efectiva, infundiendo el “miedo a la derecha”, que obra el milagro: el día de las elecciones, decenas de miles de personas que, desencantados con sus políticas neoliberales, juraron que jamás volverían a votar al SPD, lo hicieron para frenar a Merkel y el peligro que suponía, consiguiendo que CDU y SPD presenten un empate técnico a escaños en el Bundestag (parlamento alemán). En la sede del CDU, que había conseguido un espectacular aumento de votos, reinaba un ambiente de funeral, mientras que en la del SPD, que había caído notoriamente, imperaba una alegría que rayaba en lo irreflexivo. Esa noche, Schröder cometió el error de presentarse como vencedor, y de humillar públicamente a Merkel diciéndole que “ni se le ocurra pensarlo: no vamos a pactar con usted“. Muchos interpretaron esas palabras como una afrenta, un gesto innecesario que jamás se hubiera atrevido a lanzar de haber sido Merkel un hombre. Las simpatías empezaron a deslizarse claramente hacia Merkel en las semanas posteriores a las elecciones (donde cientos de encuestas preguntaron a la nación qué salida cabía, si nuevas elecciones o un gobierno de unidad nacional), forzando al SPD a apartar de la primera línea política al excanciller Schröder y a quedar expuesto a la voluntad del CDU.

Merkel ahí demostró por qué había conseguido la jefatura del CDU: utilizó las encuestas para marcar el tempo político. Mientras muchos la presionaban para formar un Gobierno Jamaica (en Alemania, los partidos políticos tienen colores, y Jamaica sería el CDU (democristianos de derecha, negro), FDP (liberales, amarillo) y Die Grüne (los verdes, evidentemente verde), Merkel analizó la situación política de una forma impecable: era mucho más inteligente formar una gran coalición con el SPD. De esta manera, anularía gran parte de su base social, que jamás perdonaría a los dirigentes del SPD haberse bajado los pantalones ante el CDU, y a su vez, robaría las iniciativas socialdemócratas del gobierno para atribuírselas y darle al CDU un perfil social que jamás había tenido en 60 años de historia.

El tiempo ha dado la razón a Merkel: la entrada en el gobierno del SPD ha destruido su respaldo social y ha sumergido al partido en una gran crisis de identidad que se ha saldado con tres candidatos oficiales a Canciller en cuatro años (Mathias Platzeck, Kurt Beck y ahora Frank Walter Steinmeyer), además de reforzar en el electorado la impresión de que todas las medidas sociales del gobierno en la pasada legislatura no han provenido del SPD, sino del CDU.

El resultado: a cuatro semanas de las elecciones, el SPD se mantiene alejadísimo de cualquier opción de volver a la Cancillería, perdido a 14 puntos del CDU, quien obtendría entre un 37 y un 40% de los votos. Ante este panorama, las palabras que más se escuchan en cualquier tertulia política son Schwarz-Gelb (negro-amarillo), la coalición soñada con liberales que permitiría al CDU aplicar a cuchillo todas las medidas de desmantelamiento del estado del Bienestar y dinamización de la economía que pretende.

Pero antes de llegar ahí, la primera prueba de fuego es este fin de semana: elecciones federales en el Sarre, Turingia y Sajonia, y elecciones locales en Renania del Norte-Westfalia. Naturalmente, los resultados serán siempre de alcance reducido, debido a las particularidades de estos estados, pero los analistas políticos están expectantes: ellos también han hecho la prueba del Padre, y el resultado es positivo.

Peter Müller (CDU) intentará mantenerse en el poder pactando con el FDP. ¿Será suficiente?

Peter Müller (CDU) intentará mantenerse en el poder pactando con el FDP. ¿Será suficiente?

En el Sarre, pequeña región fronteriza con Francia, el CDU ha gobernado en la última legislatura con un apoyo cercano a la mayoría absoluta. Sin embargo, la irrupción del partido de izquierda Die Linke a nivel federal, capitaneado por Oskar Lafontaine (ex-primer ministro del Sarre, por entonces en el SPD y el cual abandonó ante su deriva centrista), ha desestabilizado el reparto clásico de votos. Die Linke le robará un buen porcentaje de votos al SPD, pero indirectamente hará aumentar el porcentaje total de votos a la izquierda, robando base al CDU, que necesitaría una coalición para mantenerse en el poder. El ligero aumento del FDP puede asegurar la mayoría, y servir de primer ensayo al pacto federal que se presume en Octubre. Atención al NPD: el partido neofascista rozó el 4% en las pasadas elecciones, y podría rozar la entrada en el parlamento del estado federado, aunque se presume improbable.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN SAARLAND (SARRE)

CDU 38% || SPD 26% || Linke 15% || FDP 9% || Grüne 6% || otros 6%

Holger Apfel celebra la entrada en el parlamento sajón en 2005 con un gesto... casual

Holger Apfel celebra la entrada en el parlamento sajón en 2004 con un gesto... casual

En Sajonia, las cosas se presumen, como poco, más ásperas. El CDU ha sido, desde el hundimiento de la Alemania comunista, la fuerza más votada en este estado del Este, uno de los más depauperados de todo el país, con una industria obsoleta y una tasa de paro cercana al 13%. Las dos grandes fuerzas siempre han sido el CDU y el antiguo PDS, heredero del SED (partido comunista único en los tiempos de la dictadura) y antecesor de Die Linke. Sin embargo, en las últimas elecciones el CDU perdió más del 15% de votos y se vio obligado a trasladar al parlamento sajón la Gran Coalición con el SPD, fuerza aquí minoritaria pero suyo apoyo aseguraba la gobernabilidad en un estado problemático y extremo: los postcomunistas suman casi el 24% de los votos, y el partido neofascista NPD obtuvo en 2005 el 9’2% de los votos y 8 diputados. En las elecciones de hoy, el NPD parece hundirse por debajo de la línea del 5%, lo cual le dejaría fuera del parlamento, mientras el FDP doblaría su porcentaje. Encaje de bolillos espera mañana a las fuerzas políticas sajonas.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN SACHSEN (SAJONIA)

CDU 38% || Linke 21% || SPD 13% || FDP 11’5% || Grüne 6% || NPD 4’5% || otros 6%

En Turingia, el otro ex-estado-del-Este que celebra elecciones, el mapa político parece ampliarse en estas elecciones: en 2004, sólo el CDU, el SPD y Die Linke obtuvieron representación parlamentaria, quedando la mayoría absoluta en manos del CDU, pese al espectacular aumento de la izquierda postcomunista. Ahora, sin embargo, el hundimiento del partido democristiano hará imposible que mantenga el poder… al menos, en soledad. Verdes y liberales entrarían en el parlamento, abriendo las posibilidades para un pacto jamaicano. Quizá es la elección con menos emoción, dado que parece claro que CDU y FDP se entenderán con facilidad y pueden convencer a los Verdes de sumarse al Gobierno en su primera entrada en el parlamento federal. Y al menos, aquí el NPD no parece convencer a tanta gente como en otros estados, afortunadamente. No obstante, queda vigilar cómo reacciona el electorado ante los planes todavía frustrados de salvación de Opel, dado que es en este estado donde tiene una de sus sedes, y donde un posible cierre podría dejar a miles de personas en la calle si el gobierno de Merkel no maneja bien sus cartas.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN THÜRINGEN (TURINGIA)

CDU 34% || Linke 24% || SPD 19% || FDP 8% || Grüne 6% || otros 9%

La prueba del Padre funciona: si has llegado hasta aquí, estarás pensando en cómo todo esto puede influir a nivel alemán y europeo. La primera prueba está en marcha. Veamos hasta dónde llega el fuego.

Anuncios

La invisible socavación

Soy un extranjero en la capital de Alemania. No duermo una resaca por los efluvios patrocinados a estas horas del día, como hacen millones de personas del planeta en estos momentos. Mi cuerpo está sentado, observando, en medio de la inmensa llanura que no se detiene ya hasta los Urales. Escribo en una lengua diferente. Observo y tengo viva la capacidad de pensar con completa claridad. Tengo opiniones que navegan entre el francotiro y la incorrección más absoluta. Por ejemplo, hay días que opino que habría que borrar a determinada gente del planeta: banqueros, por ejemplo.

Por todo esto, podría ser un elemento potencialmente peligroso. El Bundeskriminalamt (Oficina de Investigación Criminal Federal) podría estar leyendo estas palabras en el momento en el que las tecleo. Porque desde hoy, y gracias a una nueva ley aprobada por el gobierno de la Gran Coalición (CDU y SPD), esta agencia del Gobierno alemán tiene la facultad de entrar con impunidad en mi ordenador personal con un troyano que envíe toda mi información a los servicios de información del gobierno. Mi nombre real quizá pasara a juntarse en la carpeta donde ya figuran mi cuenta bancaria, mi número fiscal y mis datos biométricos, con un nuevo archivo de peligrosidad en el que se analizara la frecuencia con la que dudo de la honestidad de Wolfgang Schäuble, de la fiabilidad del tan proclamado Estado del Bienestar alemán o del auténtico género de Angela Merkel (por si lo dudan, he hallado tras profundas reflexiones que no puede ser una mujer dado que las mujeres suelen tomar decisiones razonables e inteligentes, y no tienen cara de perro pachón).

El plan ha conseguido aprobarse pese a la resistencia cuidadana y a la férrea oposición inicial de los Länder (estados federales), quienes contaron en el Bundesrat con un voto individual que permitió rechazar la propuesta de ley a principios de diciembre. Naturalmente, al más puro estilo burócrata europeo, se reescribió el procedimiento: si el resultado no favorece a tus intereses, rompe las reglas del juego y vuelve a plantearlo para obtener entonces la respuesta que deseas. Tal y como se ha hecho con el No irlandés al Tratado de Niza, el CDU ha aprovechado el relevo en la cúpula del SPD para obligar a los nuevos dirigentes -que son otra vez los mismos que empezaron la Gran Coalición- a llamar al orden a los Länder para repetir la votación.

Te juro que todo esto es para protegerte

Te juro que todo esto es para protegerte

El resultado: desde hace 19 horas, el Estado alemán puede elevar a un juez la solicitud -meramente formal- de entrar en cualquier ordenador personal de cualquier persona sospechosa de terrorismo.

Ah, el terrorismo, la excusa postmoderna, el gran comodín para todo.

Un subapartado de la ley exonera curiosamente de ser investigados a abogados, diputados y religiosos. Los medios de comunicación resaltan que nada se dice de, por ejemplo, periodistas. Y en los últimos años, empresas tan poderosas como la Deutsche Telekom o Siemens se han visto envueltas en escándalos de espionaje a sus propios empleados y cuadros directivos, como medidas para obtener informaciones comprometedoras en las intestinas luchas de poder que siempre tienen lugar en toda organización con más de 3 trabajadores. Medios como el Süddeutsche Zeitung o Der Spiegel -quienes ya sufrieron el espionaje del Estado a las comunicaciones de una de sus periodistas años atrás- se han enfrascado en una lucha pública para rechazar la ley, o, al menos, conseguir que el denominado Cuarto Poder, los medios de comunicación, no entren en ese saco y sigan pudiendo proteger legalmente sus fuentes de información.

No lo conseguirán, porque esta ley es una herramienta. No una herramienta antiterrorista, como defiende Schäuble desde su silla de ruedas con la pasión de los autoconvencidos -sufrió un atentado en 1990 que le condenó a esa silla, curiosamente no por un islamista, sino por un ciudadano alemán con problemas de esquizofrenia paranoide-; Schäuble defiende esta herramienta porque permite la instalación de un estado de vigilancia que concuerda con sus propias debilidades. Una herramienta de control absoluto.

Y este es sólo el caso alemán.

En realidad estamos regidos por fobias particulares y objetivos industriales que nos limitan día a día la capacidad de movimiento. No vaya a ocurrírsenos cambiar algo, o siquiera intentarlo.

La instalación del miedo, la invisible y progresiva socavación de nuestros derechos individuales es incontestable. Durante este año, en la supuestamente culta, aristocrática y elevada Europa, hemos visto movimientos claros de inoculación del miedo indiscriminado. El proyecto de aplicación de excepciones laborales para elevar la semana de trabajo a 65 horas. El proyecto de introducir escáneres corporales en aeropuertos que literalmente te dejan desnudo ante una pantalla. El proyecto, ahora ley, de virus patrocinados por el Ministerio del Interior. Todos globos sondas, ante los que algunas oposiciones han sido tan sonadas que han sido imposibles de aplicar, al menos por ahora. Como con la ley de espionaje online, sólo hay que saltarse las reglas de juego, cepillarse la separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y volver a plantear la ley en otro ámbito que garantice la aprobación a la búlgara.

2008 ha sido un año nefasto en la libertad de quien está leyendo esto ahora mismo.

2009 tiene pinta de ser un año en el que para un gobierno de la avanzada Europa, alguien que escribe palabras como estas puede ser considerado como sospechoso. Y hace falta valor para conservar la independencia y no sumarnos a la muerte de las ideologías en el magma de la corrección.

Si quieren jugar duro, desde hoy tengo un archivo de Word dentro de la carpeta Próximas Acciones llamado Ataque en Alexanderplatz. Veremos si concluyo el año pudiendo escribir en este blog.

Cuando el voto se convierte en grito

Si esto fuera una columna barata, lanzaríamos epítetos hechos frase como

Algo Sucede En Centroeuropa

o quizá lo adornáramos con un titular del estilo

Crisis de los partidos tradicionales

En realidad es una mera cuestión de estilo. O de su carencia, en los casos anteriormente expuestos.

Las secciones de Internacional de ayer y hoy en la prensa hablan de dos hechos independientes, aislados y que tienen en común sólo dos detalles: uno, domingo de elecciones, y dos, sucedían en dos países centroeuropeos, Alemania (autonómicas, podríamos decir) y Austria (generales). Ambas noticias han aparecido en los medios sin interconexión mutua, aisladas, retratadas tan antagónicamente como la quinta derrota de la temporada del recién ascendido Sporting de Gijón y la nacionalización de Fortis.

Por un lado, el titular más mediático es el austriaco, puesto que hasta los seres unicelulares son capaces de ver la verdadera dimensión de los resultados electorales. Los dos grandes partidos llevaban tres años fagocitándose el poder en los palacios gubernamentales de la Ringstrasse, en las técnicas gitanescas de socavación inherentes a dos enemigos forzados a convivir en armonía, sacándose los intestinos como dos pitbulls en un cuarto oscuro, pero sonriendo y con corbata, como corresponde a todo un ser humano. La coprofagia institucional derivó en la incapacidad inicial para solventar los grandes temas de Estado primero, y las medidas concretas después.

Adorador de las esencias patrias

Adorador de las esencias patrias

El resultado, el de este domingo: hundimiento de ambos adoradores del terciopelo institucional, y los dos partidos de ultraderecha vuelven a acaparar líneas y titulares tras el imparable y paradigmático ascenso de 2000 de Jörg Haider. Las sanciones de la UE y aquel aislamiento no han servido de nada, porque la memoria del pueblo es frágil como las lágrimas de un futbolista de élite, y porque ninguno de los grandes partidos ha sido capaz de revocar esa patética sensación de fragilidad e inoperancia que echó gasolina sobre las brasas del descontento.

Justo al otro lado, en el estado federado limítrofe con Austria, Baviera celebraba elecciones.

[Como bien demuestra la historia, ambas regiones están unidas por lazos que van más allá de las fronteras: Hitler era un austriaco de frontera, que desde Berteschgaden observaba el horizonte que estaba dispuesto a unir a la fuerza, porque en su opinión los valores bávaros (y por ende alemanes) eran el espíritu real de Alemania, por delante de los estirados prusianos del Norte. Pero esa es otra historia.]

Beckstein, presidente de Baviera, jugando a la bavaridad

Beckstein, presidente de Baviera, jugando a la bavaridad

En Baviera, casi desde el fin de la segunda Guerra Mundial, gobierna el partido-institución CSU (Unión Social Cristiana), fundado por Strauß, gobierna Baviera desde finales de los cincuenta, y desde 1966 encadenando mayoría absoluta tras mayoría absoluta. Sin ir más lejos, en 2003 Stoiber sacó un 60,3% de votos, envidiable porcentaje hasta para presidentes autonómicos con discursos apocalípticos del agua y congresos búlgaros. Medio siglo de gobierno que este domingo ha recibido una bofetada: caída de 17 puntos hasta quedarse en sólo un 43% de los votos. Un partido acostumbrado al rodillo durante décadas que ahora tiene que hacer algo que no sabe hacer: negociar y escuchar. “El CSU no ha perdido las elecciones: es que ahora Baviera quiere que compartamos el poder”, ha afirmado revestido de inoperancia e incapacidad política Huber, presidente del partido, en unas declaraciones que demuestran por qué el CSU ha caído de esa manera: de ser un concepto casi transideológico -es difícil discrepar ideológicamente en un estado profundamente católico, cerrado y donde se prima la riqueza material del ciudadano- común a todos los bávaros, a ser el ejemplo del amodorramiento unitario del estado más rico dentro de Alemania.

Los dos resultados electorales de ambos estados ofrecen lecturas absolutamente simétricas: partidos grandes automasturbatorios que caen y ceden el campo a partidos minoritarios. ¿Erosión en el poder? En parte. Pero no pueden explicarse sin un nuevo concepto: el voto como protesta. El voto como grito. El voto como escupitajo.

Estamos arrancando, desde Centroeuropa, un movimiento de incalculables efectos.

El voto como acción anarquista.

Reconozcamos ciertos hechos: el voto del miedo ya no existe. Desde los albores de la democracia se utiliza el miedo como arma, que vienen los fachas, que vienen los comunistas, que vienen los integristas, que vienen los musulmanes, que vienen los negros, que vienen los abortistas. Es decir: desde los partidos y los gobiernos se ha supeditado el ejercicio de elección democrática a una acción de defensa o de ataque, olvidando cualidades programáticas o la simple posibilidad de la opinión relativa: esa que dice que ninguno de nosotros somos algo perteneciente a una ideología, sino personas variables y fragmentarias con ideas dispares difíciles de catalogar en un nicho de mercado o ideológico. Desde el discurso del miedo se genera la acción por reacción: una reacción controlada y acorde a los mecanismos de poder que se alternan los grandes partidos sin grandes estridencias salvo las formales. Las necesarias para mantener el circo, la ideología del miedo. Durante mucho tiempo ha dado resultado. Los antagonismos izquierda-derecha y sus múltiples azuzamientos panicales han llevado a los grandes partidos a borrar lentamente los claros y gruesos límites que les separan dialécticamente para subvertirse a una nueva ideología: el reparto del poder, la colocación de asesores afines a los que se les debe favores, la tecnocracia en vez de la democracia.

Sin embargo, como el bipartidismo del siglo XIX, ese horizonte tiene un punto final. El que acaba de nacer en Centroeuropa: el voto como alarido. La protesta clara, el mensaje directo: un gigantesco No. La renovación directa de unos cuadros políticos anquilosados, corruptos, podridos y estancados en el lodazal que sus propias defecciones han creado.

El hecho es claro y existe de manera indiscutible. En los resultados bávaros han aparecido por primera vez los Freie Wähler (Electores Libres) con un 10%, un ascenso notable de los Verdes (9%) y del FDP (8%), y casi el nuevo partido de la izquierda, Die Linke, entra en el parlamento con un 4’8%, milagroso porcentaje en un estado nacionalcatólico cuya ortodoxia pura es el BMW y la nómina. Asimismo, en el otro lado de la balanza, tenemos ese salvaje 30% acumulado entre los dos partidos de extrema derecha austriacos, FPÖ y el nuevo BZÖ, creado por Haider a su imagen y semejanza tras su salida accidentada del FPÖ. Y en las elecciones comunales de muchos estados alemanes encuadrados en la antigua parte comunista, el ascenso de las extremas -extrema izquierda y la extrema derecha, el NPD, con representación histórica en varios parlamentos regionales-.

Sin embargo, lo que sí es discutible es si los electores serán capaces de discernir entre la destrucción renovadora y la destrucción involutiva. El voto como rebelión, como protesta, existe. Ya ha sido creado y canalizado, y su onda expansiva alcanzará al resto de Europa probablemente en los próximos cinco años.

La pregunta es, ¿tendrá la sociedad, desencantada de inoperancia y de palabrería hueca, la capacidad de separar un voto de protesta de un voto que alimenta a un lobo que nos coma a todos por los pies?

La última vez que la sociedad centroeuropea respondió a esta pregunta, fue en 1933.

Quizá ahora sea cuestión de que grite todo el electorado del resto de Europa, para dirigir este descontento en la dirección correcta. La sociedad civil camina entre el descontento y el temor, el asco y la esperanza. Quiere ser europeo, pero seguimos temiendo a los inmigrantes y sacamos al ejército para expulsarlos. Queremos quemar sucursales bancarias, pero nadie se queja cuando suben las comisiones de los cajeros. El paradigma europeo, el relativismo de saber que todo nuestro malestar no es más que un grano ínfimo en el universo, genera la terrible posibilidad de mejorarlo drásticamente o volarlo por los aires. De todos nosotros depende que eliminemos una política nauseabunda, que prioriza donar dinero a los bancos que acabar con el hambre, pero también del compromiso de todos depende no dejar que esa arcada política no sea eliminada con el acero de los cuchillos y el fuego de las esencias inexistentes de las razas.

La muerte de la Política

Don´t choose the clown!“, vociferaban los medios de comunicación en Abril de este año, pocos días antes de las elecciones a la alcaldía de Londres. Naturalmente, se referían a Boris Johnson, el candidato del Partido Conservador británico: un periodista verborreico con una especial habilidad para decir lo más improcedente en el peor lugar posible, educado en los colegios más exclusivos del Reino Unido y perteneciente a los clanes pseudoaristocráticos de poder. Desde que se oficializó la candidatura, miles de voces clamaron contra la mera posibilidad de que un bufón recogiera el testigo de ser el alcalde de Londres durante las Olimpiadas. Muchas de ellas anónimas, gente como tú y como yo, pero muchas de ellas de prominentes artistas, escritores, fotógrafos, politólogos, que advertían de la catástrofe que supondría poner la capital en manos de un hombre capaz de enunciar análisis sociológicos tan profundos como

Si el matrimonio gay fuera correcto -y tengo mis dudas sobre esa cuestión-, no vería ninguna razón por la cual no debería consagrarse la unión entre tres hombres en vez de entre dos, o entre tres hombres y un perro.

Lógicamente, Boris fue elegido alcalde de Londres.

No por una gestión irregular de su antecesor Ken Livingstone, no porque fuera el candidato del otro gran partido, o incluso, no porque el millón largo de votantes que le eligieron como primera opción estuviera de acuerdo con frases tan exquisitas como la anterior.

Si le eligieron, fue porque la política, tal como la entendemos, ha sido exterminada. Uno acude a la Wikipedia y ve que la política es el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos.

Luego uno abre el periódico y ve que la política son alcaldes de cualquier signo detenidos por corrupción. Ve familiares de diputados que adquieren terrenos rústicos por los que casualmente un año después pasará una autovía o la nueva línea del AVE, y claro, han de ser expropiados a un precio diez veces mayor al que pagaron. Ve la inquina, la inmensa podredumbre del ser humano por la cual se tiran millones de litros de leche a la alcantarilla porque de lo contrario reventarían los precios, dicen unos señores en Bruselas. Los mismos que declaran que se puede encarcelar sin cargos durante 18 meses a un inmigrante por el mero hecho de serlo.

Toda política convencional está ya supeditada a los intereses económicos. Ahora tomamos más conciencia de ello, quizá porque vivimos en tiempos de cíclica crisis.

[Crisis que son inventadas por el sistema financiero, como lo fueron las de 1907 -J.P. Morgan empezó a difundir rumores de quiebra para asegurar la creación de la reserva federal que él controlaría-, 1920 -donde la reserva federal empezó a reclamar el pago de los préstamos que desde 1919 había duplicado unilateralmente para introducir más dinero en el mercado y preparar la caída del año siguiente- o la de 1929 -donde crearon años antes los Margin Loans para poder exigir su pago en bloque en Octubre, lo que provocó el crack y la ya famosa depresión-. Como aquella, también esta crisis de las subprime está planificada desde tiempo atrás y será la Historia quien juzgue este nuevo robo global, no yo.]

Ahora, decía, tomamos conciencia de la preponderancia de la economía porque vivimos bajo el paraguas de su crisis-excusa. ¿Qué responde el campo político a esto? ¿Cómo trata de paliar sus efectos? ¿Qué medidas toma para ser realmente quienes lleven el peso ejecutivo de la gestión política, de la administración de las ciudades, de las naciones, de los conglomerados transfronterizos?

Nada. Silencio. Una bala de paja cruzando un parlamento.

Por tanto, ¿qué sentido tiene votar a un político preparado para un cargo?

Sólo a través de la muerte de la política convencional se puede entender que una persona que promete cambio (Barack Obama) elija como vicepresidente a un senador de 65 años que nunca ha hecho nada, o que una persona que promete inmovilismo (John McCain) elija como vicepresidenta a una gobernadora de 44 años sin ninguna experiencia.

Sólo a través de la muerte de la política convencional se entiende una Gran Coalición como la que lleva 3 años funcionando en Alemania (¿alguien puede imaginar un gobierno de concentración nacional PP-PSOE?), en la que se masacran los pilares básicos de cualquiera de los dos partidos, eligiendo una tercera vía en la que se aniquila la ideología y se prioriza el beneficio operativo de las corporaciones.

Los ciudadanos ya han comprendido que la política está muerta. Que votar a las grandes opciones no tiene ningún sentido, porque son igual de pasivas ante los poderes fácticos y jamás van a crear medidas que solucionen el día a día de la gente, como bien se demostró en el bipartidismo del siglo XIX. Por lo tanto, el primer movimiento de protesta es la elección de cenutrios por vocación como Boris Johnson (o en ejemplo español Jesús Gil); gente que es estúpida, pero habla claro, o que incluso es divertida a ratos por sus ocurrencias entre el gris panorama de la corrección política de trajes grises y feministas conservadoras.

Cuando la gracia se acabe, la muerte de la política se encaminará a su último estadio: la elección de partidos de extrema derecha como única opción fuera del abanico que hemos detestado ya de tanto ver.

El ser humano es el único animal que no aprende de los años 30.

La Destrucción Europea

Semana laboral de 65 horas aprobada.

Normativa de retención de sospechosos de terrorismo de hasta 42 días sin necesidad de presentar cargos.

Ganaderos gallegos tirando por la alcantarilla millones de litros de leche.

Virus troyanos creados por el Ministerio de Interior alemán, para monitorizar la actividad de los ordenadores conectados a Internet.

Suecia graba todas las llamadas telefónicas y correos electrónicos que salen al extranjero.

Italia barre las calles de gitanos e indigentes con 3000 soldados.

Alguien que vive en el Reino Unido es grabado por cámaras de vigilancia un promedio de 300 veces. Al día.

Francia y Holanda dijeron No a la Constitución Europea (los demás países no tuvieron la oportunidad de hacerlo). Para ignorar ese No, se creó el Tratado de Lisboa.

Irlanda ha dicho No al Tratado de Lisboa. Para ignorar ese No, se repetirá el referéndum dentro de un año.

En Suiza gobierna un partido cuyo cartel electoral eran tres ovejas blancas que sacaban a patadas del país a una oveja negra.

Policías locales de al menos tres comunidades autónomas españolas utilizan regularmente armas Taser, que transmiten descargas de 50000 voltios a la víctima.

Sólo la incapacidad parlamentaria del grupo de gobierno ha impedido que Polonia tuviera una ley que prohibiera «la promoción de la homosexualidad y otras desviaciones» en las escuelas polacas y sancionara a quienes promoviesen «la homosexualidad o cualquier otra desviación de índole sexual en entornos educativos». El incumplimiento de estas medidas podría ser causa de despido, multa o encarcelamiento.

Una persona que nace en Alemania no es ciudadano alemán, a menos que uno de sus padres lo sea. Se llama “Ley de la Sangre”.

Desde 2002, un parado que haya dejado de recibir prestación, pierde la gratuidad de la sanidad. Se le atiende, pero luego se le envía la factura a casa.

Dónde coño está la Europa que nos prometieron.

El valor de la disidencia

Disidencia es una palabra en desuso. En decadencia.

disidir.
(Del lat. dissidēre).

1. intr. Separarse de la común doctrina, creencia o conducta.

A nadie le gusta que le digan que pertenece a la común doctrina. Todos queremos ser especiales, pero compramos en El Corte Inglés. Todos queremos ser diferentes, pero seguimos soportando bisbaladas en la radio. Todos somos inteligentes como individuos, pero nos comportamos como borregos cuando nos juntamos más de tres.

La disidencia nace siempre de la inteligencia. De la disconformidad crítica con lo que vemos y lo que pensamos que debería de ser el mundo que nos rodea. Sólo una persona inteligente puede enarbolar la bandera de la disidencia y romper tabúes. Dogmas escritos o no, que tratan de jerarquizar nuestra vida y regularla más allá de la libertad de elección. Por eso la disidencia siempre ha tenido un significado político: porque los partidos son, como las religiones, máquinas de triturar individuos en aras de una identidad colectiva o corporativa.

Por eso disidencia es sinónimo de purga. De consecuencias. Y lo que es peor: de un linchamiento moral de todos aquellos que no se han atrevido a ser disidentes y de los que no saben qué es la disidencia.

¿Conocen ustedes la fábula de los monos?

  1. metes 20 monos en una habitación cerrada.
  2. cuelgas un plátano del techo y pones una escalera para poder alcanzarlo asegurándote de que no exista ningún otro modo de alcanzarla que no se a usando la escalera.
  3. instalas desde el techo y en toda la habitación un sistema que haga caer lluvia de agua helada, cuando un mono empieza a subir la escalera.
  4. los monos aprenden rápido que no es posible subir la escalera evitando el sistema de agua helada.
  5. luego, reemplazar uno de los 20 monos por uno nuevo. Inmediatamente, va a intentar subir la escalera para alcanzar el plátano y sin entender por qué, será apaleado por el resto de monos.
  6. reemplazar uno de los viejos monos por otro nuevo. Entonces será apaleado también y el último mono introducido antes que éste, será el que más fuerte de pegue, sin saber por qué le está pegando.
  7. continuar el proceso hasta cambiar a los 20 monos originales y que queden únicamente monos nuevos.
  8. ahora ninguno intentará subir la escalera, y más aún, si por cualquier razón a alguno se le ocurriese pensarlo, éste será apaleado por el resto de los monos y lo peor es que ninguno de los monos tendrála menor idea del porqué de la cosa.

Jamás se ha escrito un mejor ejemplo del funcionamiento de una empresa. En ningún trabajo se ampara la disidencia. Porque aquí las cosas siempre se han hecho así. Da igual que uno tenga una idea que mejore el proceso: siempre será rechazada. Y apaleado por monos que desconocen el motivo por el que están linchando a alguien.

Pese a lo triste que resulta el ser humano en dichas circunstancias, sigue habiendo disidentes.

Mírenle. Un hombre ante 100 millones de personas para escuchar música. 100 millones de personas reunidas ante los televisores de media Europa. 100 millones de personas esperando escuchar una música que ya han escuchado otros 100 millones de veces, pero reformulado nuevamente. Una balada babosa o lo que los ignorantes musicales llaman un ritmo pegadizo. Y ante esa gente, aparece un hombre con el valor para subirse ahí, coger una guitarra del todo a cien y abofetear a quienes llaman música a un festival caduco, obsoleto y que en realidad es un insulto a la palabra música.

Alguien con el valor necesario para ser disidente.

No hay que engañarse por el formato. La disidencia es un ejercicio de inteligencia: de saber navegar fuera de los cauces esperados en los que uno se comporta como se espera que se comporte. Como debe. Este hombre es una bofetada en los tersos rostros llenos de bótox que vomitan puntos en conexión por satélite. Este hombre simboliza el asco y la rebeldía contra un engendro de festival que simboliza cualquier cosa menos música. Porque tomarse en serio Eurovisión es propio de países subdesarrollados con ganas de ascender en el ránking europeo y de incultura galopante, como bien indicaba un comentario en ElPaís.com.

Ahora vendrán los monos a dar palos a un hombre que fue a reírse de la caspa y volvió con 55 puntos. Que cuadruplicó a Reino Unido y a Alemania y que le sacó dos puestos a Suecia, que llevaba a una doble de Donatella Versace que los grandes medios daban como favorita de no se sabe qué.

Como un André Bretón con guitarra del todo a cien, abofeteó ayer a toda esa legión de indocumentados que llaman música a la repetición compulsiva de un modelo musical degenerado. Se rió de Europa en su cara. Y le pusieron por delante de 9 países que todavía piensan que Eurovisión va de música.

Viva la disidencia.