Elecciones en Alemania: las urnas como laboratorio político

El mejor indicador termopolítico no es una estadística, ni una encuesta, ni siquiera un artículo de prensa o un reportaje. Es la Prueba del Padre.

El Padre es aquella figura que cada domingo madruga sin necesidad de hacerlo, y baja a comprar la prensa con la reverencia que destilan las personas que durante años no compraron prensa porque no era libre. El Padre puede ser tu propio padre, o un familiar cercano, o ese señor que se sienta en el banco de la plaza cada domingo a leer la prensa. El Padre es aquel que, sin ser un experto en política, deportes, economía o internacional, desprende un conocimiento general cincelado a fuerza de leer prensa durante años que le hace reconocer los acontecimientos importantes de los que son mero ruido comunicativo.

Hoy, bastaría hacer la Prueba del Padre caminando por la plaza para saber que es un día importante en Europa. Porque hay domingos donde el Padre está más relajado, con una media sonrisa y dejando que el sol le toque la cara mientras lee. Pero hoy está más encorvado hacia delante, el ceño más fruncido, el gesto más tenso. Porque hay elecciones locales y federales en Alemania, a cuatro semanas vista de las elecciones para la Cancillería. Sajonia, Turingia y el minúsculo estado federal del Sarre celebran elecciones que van a ser claramente un espejo en el que medir resultados para dentro de un mes, y sobre todo, alianzas de gobierno que serán a todas luces necesarias.

Tomemos el Delorean para viajar cuatro años atrás en el tiempo.

2005. Elecciones a la Cancillería. La erosión política de Schröder, canciller del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), le presenta ante el electorado como acabado tras 7 años en el poder y aprobar toda clase de recortes sociales que minaron la enorme base social con la que accedió al poder. La campaña arranca con Angela Merkel, candidata del CDU (Partido Democristiano Alemán), con más de 15 puntos de ventaja; pese a su absoluta inexperiencia en tareas serias de gobierno, Merkel ha logrado ganarse las simpatías de muchos alemanes, más allá de su ideología política, por haber conseguido la jefatura de un partido tan rígido como el CDU siendo una mujer, y procediendo además de la antigua Alemania del Este. Merkel, pese a estos logros objetivos, no consigue conectar con el electorado, mientras que Schröder hace una campaña agresiva y efectiva, infundiendo el “miedo a la derecha”, que obra el milagro: el día de las elecciones, decenas de miles de personas que, desencantados con sus políticas neoliberales, juraron que jamás volverían a votar al SPD, lo hicieron para frenar a Merkel y el peligro que suponía, consiguiendo que CDU y SPD presenten un empate técnico a escaños en el Bundestag (parlamento alemán). En la sede del CDU, que había conseguido un espectacular aumento de votos, reinaba un ambiente de funeral, mientras que en la del SPD, que había caído notoriamente, imperaba una alegría que rayaba en lo irreflexivo. Esa noche, Schröder cometió el error de presentarse como vencedor, y de humillar públicamente a Merkel diciéndole que “ni se le ocurra pensarlo: no vamos a pactar con usted“. Muchos interpretaron esas palabras como una afrenta, un gesto innecesario que jamás se hubiera atrevido a lanzar de haber sido Merkel un hombre. Las simpatías empezaron a deslizarse claramente hacia Merkel en las semanas posteriores a las elecciones (donde cientos de encuestas preguntaron a la nación qué salida cabía, si nuevas elecciones o un gobierno de unidad nacional), forzando al SPD a apartar de la primera línea política al excanciller Schröder y a quedar expuesto a la voluntad del CDU.

Merkel ahí demostró por qué había conseguido la jefatura del CDU: utilizó las encuestas para marcar el tempo político. Mientras muchos la presionaban para formar un Gobierno Jamaica (en Alemania, los partidos políticos tienen colores, y Jamaica sería el CDU (democristianos de derecha, negro), FDP (liberales, amarillo) y Die Grüne (los verdes, evidentemente verde), Merkel analizó la situación política de una forma impecable: era mucho más inteligente formar una gran coalición con el SPD. De esta manera, anularía gran parte de su base social, que jamás perdonaría a los dirigentes del SPD haberse bajado los pantalones ante el CDU, y a su vez, robaría las iniciativas socialdemócratas del gobierno para atribuírselas y darle al CDU un perfil social que jamás había tenido en 60 años de historia.

El tiempo ha dado la razón a Merkel: la entrada en el gobierno del SPD ha destruido su respaldo social y ha sumergido al partido en una gran crisis de identidad que se ha saldado con tres candidatos oficiales a Canciller en cuatro años (Mathias Platzeck, Kurt Beck y ahora Frank Walter Steinmeyer), además de reforzar en el electorado la impresión de que todas las medidas sociales del gobierno en la pasada legislatura no han provenido del SPD, sino del CDU.

El resultado: a cuatro semanas de las elecciones, el SPD se mantiene alejadísimo de cualquier opción de volver a la Cancillería, perdido a 14 puntos del CDU, quien obtendría entre un 37 y un 40% de los votos. Ante este panorama, las palabras que más se escuchan en cualquier tertulia política son Schwarz-Gelb (negro-amarillo), la coalición soñada con liberales que permitiría al CDU aplicar a cuchillo todas las medidas de desmantelamiento del estado del Bienestar y dinamización de la economía que pretende.

Pero antes de llegar ahí, la primera prueba de fuego es este fin de semana: elecciones federales en el Sarre, Turingia y Sajonia, y elecciones locales en Renania del Norte-Westfalia. Naturalmente, los resultados serán siempre de alcance reducido, debido a las particularidades de estos estados, pero los analistas políticos están expectantes: ellos también han hecho la prueba del Padre, y el resultado es positivo.

Peter Müller (CDU) intentará mantenerse en el poder pactando con el FDP. ¿Será suficiente?

Peter Müller (CDU) intentará mantenerse en el poder pactando con el FDP. ¿Será suficiente?

En el Sarre, pequeña región fronteriza con Francia, el CDU ha gobernado en la última legislatura con un apoyo cercano a la mayoría absoluta. Sin embargo, la irrupción del partido de izquierda Die Linke a nivel federal, capitaneado por Oskar Lafontaine (ex-primer ministro del Sarre, por entonces en el SPD y el cual abandonó ante su deriva centrista), ha desestabilizado el reparto clásico de votos. Die Linke le robará un buen porcentaje de votos al SPD, pero indirectamente hará aumentar el porcentaje total de votos a la izquierda, robando base al CDU, que necesitaría una coalición para mantenerse en el poder. El ligero aumento del FDP puede asegurar la mayoría, y servir de primer ensayo al pacto federal que se presume en Octubre. Atención al NPD: el partido neofascista rozó el 4% en las pasadas elecciones, y podría rozar la entrada en el parlamento del estado federado, aunque se presume improbable.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN SAARLAND (SARRE)

CDU 38% || SPD 26% || Linke 15% || FDP 9% || Grüne 6% || otros 6%

Holger Apfel celebra la entrada en el parlamento sajón en 2005 con un gesto... casual

Holger Apfel celebra la entrada en el parlamento sajón en 2004 con un gesto... casual

En Sajonia, las cosas se presumen, como poco, más ásperas. El CDU ha sido, desde el hundimiento de la Alemania comunista, la fuerza más votada en este estado del Este, uno de los más depauperados de todo el país, con una industria obsoleta y una tasa de paro cercana al 13%. Las dos grandes fuerzas siempre han sido el CDU y el antiguo PDS, heredero del SED (partido comunista único en los tiempos de la dictadura) y antecesor de Die Linke. Sin embargo, en las últimas elecciones el CDU perdió más del 15% de votos y se vio obligado a trasladar al parlamento sajón la Gran Coalición con el SPD, fuerza aquí minoritaria pero suyo apoyo aseguraba la gobernabilidad en un estado problemático y extremo: los postcomunistas suman casi el 24% de los votos, y el partido neofascista NPD obtuvo en 2005 el 9’2% de los votos y 8 diputados. En las elecciones de hoy, el NPD parece hundirse por debajo de la línea del 5%, lo cual le dejaría fuera del parlamento, mientras el FDP doblaría su porcentaje. Encaje de bolillos espera mañana a las fuerzas políticas sajonas.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN SACHSEN (SAJONIA)

CDU 38% || Linke 21% || SPD 13% || FDP 11’5% || Grüne 6% || NPD 4’5% || otros 6%

En Turingia, el otro ex-estado-del-Este que celebra elecciones, el mapa político parece ampliarse en estas elecciones: en 2004, sólo el CDU, el SPD y Die Linke obtuvieron representación parlamentaria, quedando la mayoría absoluta en manos del CDU, pese al espectacular aumento de la izquierda postcomunista. Ahora, sin embargo, el hundimiento del partido democristiano hará imposible que mantenga el poder… al menos, en soledad. Verdes y liberales entrarían en el parlamento, abriendo las posibilidades para un pacto jamaicano. Quizá es la elección con menos emoción, dado que parece claro que CDU y FDP se entenderán con facilidad y pueden convencer a los Verdes de sumarse al Gobierno en su primera entrada en el parlamento federal. Y al menos, aquí el NPD no parece convencer a tanta gente como en otros estados, afortunadamente. No obstante, queda vigilar cómo reacciona el electorado ante los planes todavía frustrados de salvación de Opel, dado que es en este estado donde tiene una de sus sedes, y donde un posible cierre podría dejar a miles de personas en la calle si el gobierno de Merkel no maneja bien sus cartas.

>>> PREVISIÓN DE VOTO EN THÜRINGEN (TURINGIA)

CDU 34% || Linke 24% || SPD 19% || FDP 8% || Grüne 6% || otros 9%

La prueba del Padre funciona: si has llegado hasta aquí, estarás pensando en cómo todo esto puede influir a nivel alemán y europeo. La primera prueba está en marcha. Veamos hasta dónde llega el fuego.

La invisible socavación

Soy un extranjero en la capital de Alemania. No duermo una resaca por los efluvios patrocinados a estas horas del día, como hacen millones de personas del planeta en estos momentos. Mi cuerpo está sentado, observando, en medio de la inmensa llanura que no se detiene ya hasta los Urales. Escribo en una lengua diferente. Observo y tengo viva la capacidad de pensar con completa claridad. Tengo opiniones que navegan entre el francotiro y la incorrección más absoluta. Por ejemplo, hay días que opino que habría que borrar a determinada gente del planeta: banqueros, por ejemplo.

Por todo esto, podría ser un elemento potencialmente peligroso. El Bundeskriminalamt (Oficina de Investigación Criminal Federal) podría estar leyendo estas palabras en el momento en el que las tecleo. Porque desde hoy, y gracias a una nueva ley aprobada por el gobierno de la Gran Coalición (CDU y SPD), esta agencia del Gobierno alemán tiene la facultad de entrar con impunidad en mi ordenador personal con un troyano que envíe toda mi información a los servicios de información del gobierno. Mi nombre real quizá pasara a juntarse en la carpeta donde ya figuran mi cuenta bancaria, mi número fiscal y mis datos biométricos, con un nuevo archivo de peligrosidad en el que se analizara la frecuencia con la que dudo de la honestidad de Wolfgang Schäuble, de la fiabilidad del tan proclamado Estado del Bienestar alemán o del auténtico género de Angela Merkel (por si lo dudan, he hallado tras profundas reflexiones que no puede ser una mujer dado que las mujeres suelen tomar decisiones razonables e inteligentes, y no tienen cara de perro pachón).

El plan ha conseguido aprobarse pese a la resistencia cuidadana y a la férrea oposición inicial de los Länder (estados federales), quienes contaron en el Bundesrat con un voto individual que permitió rechazar la propuesta de ley a principios de diciembre. Naturalmente, al más puro estilo burócrata europeo, se reescribió el procedimiento: si el resultado no favorece a tus intereses, rompe las reglas del juego y vuelve a plantearlo para obtener entonces la respuesta que deseas. Tal y como se ha hecho con el No irlandés al Tratado de Niza, el CDU ha aprovechado el relevo en la cúpula del SPD para obligar a los nuevos dirigentes -que son otra vez los mismos que empezaron la Gran Coalición- a llamar al orden a los Länder para repetir la votación.

Te juro que todo esto es para protegerte

Te juro que todo esto es para protegerte

El resultado: desde hace 19 horas, el Estado alemán puede elevar a un juez la solicitud -meramente formal- de entrar en cualquier ordenador personal de cualquier persona sospechosa de terrorismo.

Ah, el terrorismo, la excusa postmoderna, el gran comodín para todo.

Un subapartado de la ley exonera curiosamente de ser investigados a abogados, diputados y religiosos. Los medios de comunicación resaltan que nada se dice de, por ejemplo, periodistas. Y en los últimos años, empresas tan poderosas como la Deutsche Telekom o Siemens se han visto envueltas en escándalos de espionaje a sus propios empleados y cuadros directivos, como medidas para obtener informaciones comprometedoras en las intestinas luchas de poder que siempre tienen lugar en toda organización con más de 3 trabajadores. Medios como el Süddeutsche Zeitung o Der Spiegel -quienes ya sufrieron el espionaje del Estado a las comunicaciones de una de sus periodistas años atrás- se han enfrascado en una lucha pública para rechazar la ley, o, al menos, conseguir que el denominado Cuarto Poder, los medios de comunicación, no entren en ese saco y sigan pudiendo proteger legalmente sus fuentes de información.

No lo conseguirán, porque esta ley es una herramienta. No una herramienta antiterrorista, como defiende Schäuble desde su silla de ruedas con la pasión de los autoconvencidos -sufrió un atentado en 1990 que le condenó a esa silla, curiosamente no por un islamista, sino por un ciudadano alemán con problemas de esquizofrenia paranoide-; Schäuble defiende esta herramienta porque permite la instalación de un estado de vigilancia que concuerda con sus propias debilidades. Una herramienta de control absoluto.

Y este es sólo el caso alemán.

En realidad estamos regidos por fobias particulares y objetivos industriales que nos limitan día a día la capacidad de movimiento. No vaya a ocurrírsenos cambiar algo, o siquiera intentarlo.

La instalación del miedo, la invisible y progresiva socavación de nuestros derechos individuales es incontestable. Durante este año, en la supuestamente culta, aristocrática y elevada Europa, hemos visto movimientos claros de inoculación del miedo indiscriminado. El proyecto de aplicación de excepciones laborales para elevar la semana de trabajo a 65 horas. El proyecto de introducir escáneres corporales en aeropuertos que literalmente te dejan desnudo ante una pantalla. El proyecto, ahora ley, de virus patrocinados por el Ministerio del Interior. Todos globos sondas, ante los que algunas oposiciones han sido tan sonadas que han sido imposibles de aplicar, al menos por ahora. Como con la ley de espionaje online, sólo hay que saltarse las reglas de juego, cepillarse la separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y volver a plantear la ley en otro ámbito que garantice la aprobación a la búlgara.

2008 ha sido un año nefasto en la libertad de quien está leyendo esto ahora mismo.

2009 tiene pinta de ser un año en el que para un gobierno de la avanzada Europa, alguien que escribe palabras como estas puede ser considerado como sospechoso. Y hace falta valor para conservar la independencia y no sumarnos a la muerte de las ideologías en el magma de la corrección.

Si quieren jugar duro, desde hoy tengo un archivo de Word dentro de la carpeta Próximas Acciones llamado Ataque en Alexanderplatz. Veremos si concluyo el año pudiendo escribir en este blog.

El fracaso de la reunificación alemana

Cada 3 de Octubre, Alemania juega a engañarse a sí misma. En el llamado Día de la Unidad Alemana se ponen en práctica todos los ritos y costumbres que generan un pueblo: día festivo, banderas nacionales, alcohol e himno. Se conmemora la unión técnica de un mismo pueblo que un día fue separado por un muro. Pero El Muro cayó un 9 de Noviembre, coincidiendo con la fecha en la que Hitler dio su primer y fallido golpe de Estado en 1923. Y la fecha de la unión de la Gran Alemania pasó a ese aséptico lugar del calendario que nadie siente como aniversario de nada.

La Unidad Alemana es pues desde su nacimiento algo abortado, algo trazado sólo en los mapas. Ningún lugar real de encuentro entre seres humanos. Y lo que se genera en despachos de moqueta impecable y maderas nobles son sólo palabras que no penetran en las mentes de quienes tienen que ponerlo en práctica: los ciudadanos. Si en la mente de los alemanes siguen habiendo dos bandos, cualquier motivo es excusa para la confrontación.

Como ayer por la tarde. 2,4 millones de berlineses llamados a las urnas en el primer gran referéndum de Berlín desde la reunificación. La pregunta: ¿Debe mantenerse abierto el aeropuerto de Berlín-Tempelhof?

Cronología de la pregunta: Berlín tiene tres aeropuertos. Tegel (antiguo aeropuerto internacional del Oeste), Schönefeld (antiguo aeropuerto de andar por casa del Este) y Tempelhof, el aeropuerto construido en plena ciudad y magnificado por el Tercer Reich. Con una arquitectura monumental que todavía hoy impresiona, resultaba el orgullo del arquitecto Sagebiel, deudor de la megalomanía de Speer. Era la puerta de huída por la que Hitler quiso escapar, y en la Guerra Fría, la puerta de entrada de 490.000 toneladas de alimento para la hambrienta ciudad de postguerra tras el bloqueo soviético terrestre. Los Aliados hicieron aterrizar durante aquel invierno un avión cada 90 segundos.

Hoy Tempelhof es un aeropuerto que se ha quedado pequeño, desde el que despegan menos de 1000 pasajeros al día. Un aeropuerto demasiado cerca de la ciudad, con la contaminación sonora y ambiental que eso genera. Un aeropuerto que necesita inyecciones de dinero de más de 10 millones de euros al año por parte del Senado berlinés, quien lleva años planificando -y ya ejecutando- crear un mega-aeropuerto en los exteriores de la ciudad (donde ahora se emplaza Schönefeld): el Berlin-Brandenburg-International. Fecha prevista de apertura: 2011 ó 2012. Hoja de ruta: cerrar ya Tempelhof y cerrar en esa fecha Tegel.

Pero cerrar Tempelhof es para muchos doloroso, sobretodo entre aquellos que tienen 60 años o más. Porque es el aeropuerto que les salvó del hambre en el invierno del 48. Y organizaron una recogida de firmas para impedir el cierre por parte del Senado: como cientos de movimientos vecinales a lo largo de la Historia.

Sin embargo, las heridas están sólo cauterizadas, no cicatrizadas.

El Senado y la Alcaldía de la ciudad están gobernadas por la coalición entre el SPD (equivalente alemán del PSOE) y DieLinke (el equivalente de IU sin descalabro electoral). Al CDU, el partido democristiano conservador alemán, le ha faltado tiempo para apropiarse de la iniciativa y politizarla para sus propios fines, tratando de demonizar y desgastar al triunfante alcalde berlinés, Klaus Wowereit, cuyo nombre suena cada vez con más fuerza como posible candidato a canciller alemán en el futuro inmediato.

La explosiva mezcla entre politización y sentimientos ha puesto en evidencia una realidad dolorosa: que siguen habiendo dos Alemanias. Porque el futuro de Tempelhof importaba sólo a los acomodados barrios del Oeste, mientras que a los del Este les preocupaban más asuntos vitales para la ciudad como el reparto de presupuestos para las guarderías infantiles o la sostenida huelga del transporte público.

Resultado: ayer se votó, no se alcanzó siquiera el quorum necesario para que la consulta tuviera valor (aunque el resultado no era vinculante para el Senado) al conjurar a las urnas sólo al 21’3% de la población, entre los que ganó el Sí en porcentaje 60%-40%. Pero eso no significa nada, si se observa el mapa de la ciudad. Barrios del Oeste: gana el Sí con el 70%. Barrios del Este: gana el No con el 60% de los votos.

La herida sigue abierta. 18 años y medio después, la Unidad Alemana es sólo un título teórico que se observa marcado en rojo en los calendarios. Siguen habiendo dos Alemanias. Se cobra más en el Oeste que en el Este por un mismo trabajo, todavía. Se pagan menos impuestos en el Este. En Berlín, según el barrio en el que se viva se te inscribe a menudo en un seguro sanitario del Este o del Oeste. Esto no ayuda a que la división deje de existir también para los berlineses. Unidos, sí, pero no revueltos. Quien vive en Kreuzberg no se va al Este de fiesta, y viceversa. Los microghettos que tanto criticamos a los inmigrantes.

A veces basta poner un clavo en un muro agrietado para que todo el edificio se venga abajo. Alemania, la primera potencia exportadora del mundo, se ha olvidado de mirarse hacia sí misma. Y para cuando lo haga, quizá sea demasiado tarde.

Freiheit stribt durch Sicherheit

En muchos balcones de Berlín cuelga esta frase. La Libertad Muere Por La Seguridad. La capital contestataria de la primera potencia exportadora mundial, con un 20% de población extranjera, ya mostraba en ventanas y terrazas esta frase mucho antes de que se destapara el último escándalo de espionaje empresarial, patrocinado en esta ocasión por Lidl.

Lidl, el segundo mayor supermercado de descuento en Alemania, espiaba desde 2006 a sus empleados mediante la instalación de microcámaras ocultas y la contratación de detectives, quienes recorrían muchas de las filiales de la empresa en diversos Länder del país. Sus funciones iniciales eran detectar los errores del personal que facilitaban los pequeños hurtos, típicos de todo supermercado (que en Lidl tenían dimensiones colosales: cada año desaparecía un 8% de su mercancía en circunstancias no aclaradas).

Pero es difícil detenerse en un punto concreto si nadie te frena.

Poco a poco, los detectives ampliaron su radio de acción y marcaban, con precisión endiablada, en un informe todo comportamiento “anormal”, lo cual pasaba desde quién no recogía un cartón en un pasillo, quién no reponía mercancía correctamente, hasta errores graves que los dueños de la empresa no podían pasar por alto:

“La señora N. tiene ambos antebrazos con tatuajes, los cuales parecen más bien de origen casero; ello podría ser catalogado como “tatuajes de presidio”, especialmente para los clientes de edad avanzada. Se debe advertir a la señora N. que durante su jornada de trabajo, y especialmente en la caja, debe mantener tapados sus antebrazos.”

“Conversan en polaco entre sí, ¡aunque haya clientes delante!”

Grave. Gravísimo tener tatuajes de apariencia no cara (curiosa paradoja cuando hablamos de una cadena de supermercados que no destaca precisamente por el cuidado de las apariencias de sus productos ni de sus lineales), o que dos trabajadoras del país vecino hablen en un idioma que cualquier cliente no pueda entender.

Lo grave, sin embargo, no es eso.

Lo grave es leer:

“La señora C y la señora S abandonan la filial para dirigirse a un curso de la empresa en Braunschweig. Ambas se manifiestan de forma negativa contra la mencionada formación. No comprenden la finalidad ni el sentido (de dicha formación); ambas esperan que el tiempo transcurra lo más rápido posible, y descartan de antemano una participación activa en la formación.”

“La señorita T habla telefónicamente con su novio sobre una cena conjunta. Pese a saber que el supermercado está lleno de gente y que todavía le quedan tareas por realizar, le promete que saldrá puntualmente, lo cual hace a las 15h.”

Prescindamos de categorizaciones fáciles. Prescindamos de lo aparente. Olvidemos el escaparatismo. Lo sencillo aquí es ver el ataque contra las libertades individuales; pero hay que avanzar más. ¿Es sólo un ataque contra personas concretas, contra su intimidad, contra su profesionalidad, o es realmente un ataque más profundo, más inhumano?

Para el detective y para Lidl, lo grave no es tanto errores en el trabajo del día a día, que todos cometemos y que podemos corregir sin necesidad de que nos espíen. Para la empresa, lo grave es el desapego a la empresa, a la figura patriarcal del jefe de filial y por tanto a la jerarquía de mando. Lo grave es tener un pensamiento disidente cuando se le exige a un empleado que haga horas extra y se niega, atreviéndose a salir a su hora de salida. Lo grave para una empresa es que un empleado tenga una vida privada que antepone a lo demás, entendiéndose lo demás como los encargos que decida un señor con el cociente intelectual de un tejón bizco. Lo grave es la falta de entusiasmo, la falta de corporativismo, como si con la nómina se incluyera la cláusula contractual de amar la empresa sobre todas las cosas. Lo grave es que alguien conserve la cordura y se atreva a decir que una formación que le va a retener fuera de su hogar y de su ciudad en fin de semana, perdiendo tiempo libre, es una idiotez sin sentido.

La anulación del individuo, pues, no es más que una consecuencia, no el leit-motiv. Eso es lo atroz. Porque la empresa da por hecha la entrega sin condiciones, y no sólo la da por hecha, sino que persigue cualquier atisbo de disidencia.

Lo de menos es qué empresa ha hecho esto, en realidad.

Porque en la empresa del siglo XXI, lo importante es exhibir un corporativismo de cartón-piedra si quiere sobrevivir. No importan minucias como el talento, la capacidad de resolver problemas. Sólo hay dos variables: cuántos culos se lamen y si cobras lo suficientemente poco como para no encontrar a alguien que haga tu trabajo por un poco menos de dinero que tú. Naturalmente, todos tenemos que pagar hipotecas, así que tragamos, aguantamos y rezamos para no ser nosotros los siguientes en la lista.

Sólo nos puede salvar que a veces no hay listas, que disimulamos bien, pero esa reducida tropa de encorbatados que viven en las alturas saben que todo es un teatro, que ellos dicen respetarnos y no lo hacen, y que nosotros decimos respetarles y les despreciamos.

Por eso las cámaras. Por eso los ordenadores con internet capado. Por eso los horarios con tarjeta de fichar.

La excusa es la seguridad. Para Lidl, la seguridad de destapar fallos que permiten los hurtos que suceden todos los días. Y para nuestros gobiernos, la seguridad antiterrorista. El ministerio del Interior alemán aprobó hace poco más de un mes el registro online de ordenadores en caso de sospechas terroristas. “No es nada que la población tenga que temer”, llegó a decir Wolfgang Schäuble, ministro del Interior.

Eso quiere decir, si no ocultas nada no tienes nada que temer.

Eso quiere decir, si temes algo, es que ocultas algo, es que no eres uno de los buenos.

Día a día, nuestras libertades individuales son recortadas un milímetro más sin que nosotros hagamos nada por evitarlo. Transigimos silenciosos, esperando que no nos afecte, imaginando que no nos afecta. Ahora que nuestros pasaportes son escaneados y almacenados no sabemos dónde, nos resulta imposible imaginarnos ese pasado anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando no existían los pasaportes y la gente (que pudiera pagárselo) simplemente se movía sin tener que mendigar visados, sin sentirse violados en los puestos fronterizos.

Lidl sólo es un diente del engranaje. Un diente que ahora afronta una brutal pérdida de imagen y probablemente demandas de sus trabajadores y compensaciones económicas astronómicas. Nada demasiado importante para Dieter Schwarz, el propietario, el cuarto hombre más rico de Alemania, con una fortuna estimada de 10.000 millones de euros.

Lidl es sólo el supermercado barato que tenía una minired de espionaje de bajo coste. Imaginad qué no hará un gobierno, un ministerio del Interior.

Y Orwell ya está demasiado muerto como para gritar, La libertad muere por la seguridad.