La pipa es el tiesto de las flores de humo


Siempre es difícil escribir de lo que se ama. De lo que supone una pasión íntima o una cuestión personal. Las palabras dejan de ser términos en un diccionario y se hacen escudos, lanzas, banderas. A la hora de usar las palabras, uno hace apología de lo incorrecto; mejor dicho, de lo que se nos ha informado que en la actualidad es políticamente incorrecto. Pero no queda otro remedio que utilizarlas, porque es lo único que nos queda.

Me permitirán un poco de proselitismo.

Hace tres años, quien escribe estas líneas eligió un camino: fumar en pipa. Una elección que suscita una curiosa mezcla entre la extrañeza, un presunto esnobismo y la aparición de turbios recuerdos de parientes ya fallecidos que también echaban tabaco en un trozo de madera. Lo elegí por la misma razón por la que hace muchos años manifesté mi preferencia por la pluma ante el bolígrafo, las cartas escritas a mano en vez de correos electrónicos y la copa tranquila en un sofá en vez del botellón: por el ritual, la ceremonia, la paciencia infinita que corona cada pequeño acto si se quiere hacer con una mínima perfección alcanzable.

Y este fin de semana decidí compartir mi ceremonia con decenas de personas más. Y juntarnos con la excusa perfecta: un Campeonato de España de Fumada Lenta en Pipa, organizado en esta ocasión por el Club de Amigos de la Pipa de Madrid.

Sí, algo así existe desde hace 20 años. Sí, suena friki. Cada uno acarrea con lo suyo, tal vez yo también sea un poco friki a mi manera.

Este sábado se celebró el XX Campeonato de España de Fumada Lenta en pipa. El mecanismo es sencillo: uno se inscribe, y por el precio de la inscripción se recibe una pipa, 3 gramos de tabaco y un atacador de madera. La misma pipa para todo el mundo, sobres milimétricamente pesados, para que nadie reciba más tabaco que otro.

“En realidad, lo de menos es la fumada”, afirma Carles Royo, vicepresidente del Lleida Pipa Club y artesano pipero. “Lo importante de todo esto es el antes y el después. En el antes hablas con la gente y conoces nuevos compañeros, y después ya empieza el cachondeo”, sostiene con una sonrisa. Internet ha sido una baza básica para desarrollar esta ‘comunidad pipera’. Proliferan listas de correo, pipaclubs con sección virtual como el PipAlba, foros de internet… Son formas de socializar actos de placer individuales. Y por lo que se veía en los salones donde se celebró la comida y la fumada, la socialización fue exponencial. Qué pipa te has comprado. ¿Has visto las Les Wood? Segimón ha traído unas pipas preciosas. Momentos de patio de colegio, con los niños sonriendo ante los stands de las primerísimas marcas que allí había y enseñándose mutuamente las maravillas que acababan de aterrizar en sus bolsillos. Incluso cabía la posibilidad de comprar armarios para pipas realizados por un artesano segoviano, Carlos Canle.

Lo mejor, lo que no estaba en el programa oficial. Gente regalándose latas de tabaco porque sí. Las conversaciones en las mesas, rodeados de una botella de Cardenal Mendoza. Las sorpresas de quienes ya se conocen. Gente que está incluso a punto de derramar una lágrima cuando un artesano —y amigo— le trae una pipa creada especialmente para él, como fue el caso del director teatral Eduardo Valiente, que recibió la pipa Talía y Melpómene en honor a las musas del teatro.

Pequeñas historias donde no caben muertes con forma de cilindro, también llamadas cigarrillos. Aquí se establecen otros términos. Aquí se degusta el tabaco como se catan los vinos: se habla de matices a heno, a toques florales. Es una forma de ver la vida, pese a que la frase sea ya una categoría especial dentro de los tópicos. Un lugar en el que no caben las prisas sólo puede organizar como actividad un concurso en el que se elogia la lentitud. Es un mundo diferente que devuelve mucho más de lo que tú puedas darle. Proporciona una calma interior que une a la gente. La Ley Antitabaco molesta sólo de lado, porque un fumador de pipa no es carne de portal y chute rápido de cinco minutos en la calle antes de volver a subir a la oficina; puede, y prefiere esperar a tener el tiempo necesario de disfrutar de su adicción. Un cigarrillo es para un fumador de pipa lo que un calimotxo a un Somelier: algo tan alejado, que sólo el nombre de lo común se comparte.

Fuimos legión y somos sólo sombra en estos tiempos. Pero estas sombras siguen sonriendo.

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