28 Abril 2008

El fracaso de la reunificación alemana

Cada 3 de Octubre, Alemania juega a engañarse a sí misma. En el llamado Día de la Unidad Alemana se ponen en práctica todos los ritos y costumbres que generan un pueblo: día festivo, banderas nacionales, alcohol e himno. Se conmemora la unión técnica de un mismo pueblo que un día fue separado por un muro. Pero El Muro cayó un 9 de Noviembre, coincidiendo con la fecha en la que Hitler dio su primer y fallido golpe de Estado en 1923. Y la fecha de la unión de la Gran Alemania pasó a ese aséptico lugar del calendario que nadie siente como aniversario de nada.

La Unidad Alemana es pues desde su nacimiento algo abortado, algo trazado sólo en los mapas. Ningún lugar real de encuentro entre seres humanos. Y lo que se genera en despachos de moqueta impecable y maderas nobles son sólo palabras que no penetran en las mentes de quienes tienen que ponerlo en práctica: los ciudadanos. Si en la mente de los alemanes siguen habiendo dos bandos, cualquier motivo es excusa para la confrontación.

Como ayer por la tarde. 2,4 millones de berlineses llamados a las urnas en el primer gran referéndum de Berlín desde la reunificación. La pregunta: ¿Debe mantenerse abierto el aeropuerto de Berlín-Tempelhof?

Cronología de la pregunta: Berlín tiene tres aeropuertos. Tegel (antiguo aeropuerto internacional del Oeste), Schönefeld (antiguo aeropuerto de andar por casa del Este) y Tempelhof, el aeropuerto construido en plena ciudad y magnificado por el Tercer Reich. Con una arquitectura monumental que todavía hoy impresiona, resultaba el orgullo del arquitecto Sagebiel, deudor de la megalomanía de Speer. Era la puerta de huída por la que Hitler quiso escapar, y en la Guerra Fría, la puerta de entrada de 490.000 toneladas de alimento para la hambrienta ciudad de postguerra tras el bloqueo soviético terrestre. Los Aliados hicieron aterrizar durante aquel invierno un avión cada 90 segundos.

Hoy Tempelhof es un aeropuerto que se ha quedado pequeño, desde el que despegan menos de 1000 pasajeros al día. Un aeropuerto demasiado cerca de la ciudad, con la contaminación sonora y ambiental que eso genera. Un aeropuerto que necesita inyecciones de dinero de más de 10 millones de euros al año por parte del Senado berlinés, quien lleva años planificando -y ya ejecutando- crear un mega-aeropuerto en los exteriores de la ciudad (donde ahora se emplaza Schönefeld): el Berlin-Brandenburg-International. Fecha prevista de apertura: 2011 ó 2012. Hoja de ruta: cerrar ya Tempelhof y cerrar en esa fecha Tegel.

Pero cerrar Tempelhof es para muchos doloroso, sobretodo entre aquellos que tienen 60 años o más. Porque es el aeropuerto que les salvó del hambre en el invierno del 48. Y organizaron una recogida de firmas para impedir el cierre por parte del Senado: como cientos de movimientos vecinales a lo largo de la Historia.

Sin embargo, las heridas están sólo cauterizadas, no cicatrizadas.

El Senado y la Alcaldía de la ciudad están gobernadas por la coalición entre el SPD (equivalente alemán del PSOE) y DieLinke (el equivalente de IU sin descalabro electoral). Al CDU, el partido democristiano conservador alemán, le ha faltado tiempo para apropiarse de la iniciativa y politizarla para sus propios fines, tratando de demonizar y desgastar al triunfante alcalde berlinés, Klaus Wowereit, cuyo nombre suena cada vez con más fuerza como posible candidato a canciller alemán en el futuro inmediato.

La explosiva mezcla entre politización y sentimientos ha puesto en evidencia una realidad dolorosa: que siguen habiendo dos Alemanias. Porque el futuro de Tempelhof importaba sólo a los acomodados barrios del Oeste, mientras que a los del Este les preocupaban más asuntos vitales para la ciudad como el reparto de presupuestos para las guarderías infantiles o la sostenida huelga del transporte público.

Resultado: ayer se votó, no se alcanzó siquiera el quorum necesario para que la consulta tuviera valor (aunque el resultado no era vinculante para el Senado) al conjurar a las urnas sólo al 21′3% de la población, entre los que ganó el Sí en porcentaje 60%-40%. Pero eso no significa nada, si se observa el mapa de la ciudad. Barrios del Oeste: gana el Sí con el 70%. Barrios del Este: gana el No con el 60% de los votos.

La herida sigue abierta. 18 años y medio después, la Unidad Alemana es sólo un título teórico que se observa marcado en rojo en los calendarios. Siguen habiendo dos Alemanias. Se cobra más en el Oeste que en el Este por un mismo trabajo, todavía. Se pagan menos impuestos en el Este. En Berlín, según el barrio en el que se viva se te inscribe a menudo en un seguro sanitario del Este o del Oeste. Esto no ayuda a que la división deje de existir también para los berlineses. Unidos, sí, pero no revueltos. Quien vive en Kreuzberg no se va al Este de fiesta, y viceversa. Los microghettos que tanto criticamos a los inmigrantes.

A veces basta poner un clavo en un muro agrietado para que todo el edificio se venga abajo. Alemania, la primera potencia exportadora del mundo, se ha olvidado de mirarse hacia sí misma. Y para cuando lo haga, quizá sea demasiado tarde.

7 Abril 2008

8 pasos para disolver su identidad

Instrucciones de uso:

1.- Cree su imagen deseada. Una proyección mental sirve. No ha de ser real ni tener la menor base: usted puede tener otro color de pelo, otro color de ojos, otra talla de pantalón o de sujetador. Sólo construya esa imagen. Olvide la racionalidad y el umbral de “lo alcanzable”: eso son maniobras de distracción para la cobardía.

2.- Fíjela en su córtex neuronal. Imagine cómo desea ser. Imagine que no son ciertas las imágenes que le devuelve el espejo por las mañanas. Que los pelos fuera de su sitio son sólo legañas. Que los ojos no tienen bolsas ni arrugas. Que la piel es una alfombra de color carne. Que los poros sólo son una palabra muy fea. Nada de todo eso es real: su deseo es la única realidad posible, porque es la que usted necesita. Dibuje los contornos como si no se tratara de su propio cuerpo. Grábelo después a fuego en su cerebro. Pero grábelo a conciencia; deténgase para una mayor efectividad. Trate de evitar caer en sus técnicas de memorización anteriores, limitadas a cómo se memorizan las lecciones de Historia que olvidamos nada más salir del examen.

3.- Modifique la realidad hasta que se ajuste a la imagen que usted ha creado. Niegue que una vez en su vida fue distinto a lo que usted quiere ver de sí mismo en su imagen. Usted siempre ha sido así. Usted siempre ha tenido 35 años. Usted no envejece. Usted jamás tiene un mal despertar. Usted jamás se ha hecho fotografías con gafas de  dimensiones de cristal ochentero. Usted jamás ha utilizado blusas con hombreras. Usted jamás ha llevado americanas con botones dorados. Usted siempre ha sido así. Y el segundo paso, tras negar el pasado, es abonar el re-presente: el presente adulterado, o, si lo prefiere, renovado. Si es usted una estrella de cine, deje que los maestros del Photoshop generen un alter ego mucho más bello y más terso que usted. Si sólo es un común que paga facturas, piense en depilaciones láser o en bótox accesible.

4.- Evite la esquizofrenia. Ahora, con su imagen ajustada a sus necesidades, quizá no piense en ello, pero es posible que sea difícil levantarse por las mañanas y no sentir que quien saluda desde el espejo es un desconocido. Trate de no asustarse. Haga del maquillaje base su mejor amigo: barato, fiel y no le llama para aturularle con sus infortunios sentimentales. Pero mientras aplica la careta, no abra los ojos: el estado previo no debe entrar en su cerebro, o de lo contrario empezará a sentir que usted no es una, sino dos personas diferentes. Y la Seguridad Social no prescribe determinados medicamentos con facilidad.

5.- Hágase una nueva foto de DNI y pasaporte. No deje que le traicionen detalles tontos como su identidad anterior. Todos tenemos un amigo fotógrafo (plaga del siglo XXI) que accederá a forjar de su mano su nueva identidad, que nunca fue nueva: sólo estaba dormida, como el cisne dentro del patito feo.

6.- Una vez lobotomizado usted, lobotomice a su pareja. No permita que arruine su proceso de reconstrucción ideal una fruslería como el amor. Usted es ahora feliz, porque ha alcanzado el horizonte deseado. Si se resiste, cambie sin miramientos de pareja: total, ahora ya está usted mucho ás cerca de la perfección, puede aspirar a alguien mejor.

7.- Olvide conceptos obsoletos como la responsabilidad. Si es cabeza de familia, sus hijos pueden criarse solos: sus prioridades ahora serán recuperar una adolescencia perdida y coquetear con canosos interesantes o golfas con la edad de su hija mayor. Si es usted famoso, lobotomícese y destierre de su cabeza remordimientos absurdos de conciencia por ser una mala imagen para la impresionable juventud; ya se sabe que si alguien cae en la anorexia, la culpa es de la naturaleza compulsiva y comparativa de quien lo sufre, no de la persona que se ha prestado a servir de modelo degenerado a la corrupción moral más absoluta, nunca de la persona que se ha convertido en otra persona para responder a un modelo mental que no existe, nunca de la persona que ha disuelto su identidad.

8.- Disfrute de la victoria derrotada de la fama y la seducción. Sea Keira Knightley.

1 Abril 2008

La Literatura como fenómeno de bajura

2008.

Hace ya 24 años desde que Thomas Bernhard reventó Austria y media Europa con una novela tan sincera, tan directa y de tanta calidad literaria que resultaba demasiado peligrosa: fue secuestrada por un tribunal. Era 1984 y guardias armados con subfusiles entraban en las librerías de Viena, Graz, Salzburg, para llevarse en cajas el explosivo conjunto de palabras que había cometido el delito de retratar tal como es a gente poderosa. Gente que ya está muerta. Queda el libro. “Tala“. Un alegato escrito en primera persona contra la pose, la falsedad de los círculos artísticos y la inmensa corrupción moral de quienes van de disidentes y mendigan favores de los poderosos, favores en forma de contratos, de becas, de dinero.

Su vigencia es incontestable. Sólo hay que echar un vistazo al cine español, por ejemplo. Todos los directores menores de 40 años proceden del mundo del cortometraje. Del mundo del cortometraje oficial: el que rueda en 35mm gracias a subvenciones oficiales concedidas de forma arbitraria -digámoslo suavemente- y que se retroalimentan con premios en festivales de cine donde sólo se pueden inscribir cortometrajes en 35mm.

O a la literatura contemporánea.

Hoy en día la disidencia es escayola: un molde hueco que sólo se rellena con dinero.

Thomas Bernhard era un autor que no dudaba en definir a su país como una potencia católico-nazi. Un francotirador de las palabras que además sabía escribir. Porque la provocación es una parte de su obra, no el motivo de su obra.

Es imposible no acordarse de Bernhard ahora que surgen las noticias sobre la supuesta renovación de la literatura española (disculpen que escriba literatura con minúscula) con la aparición del movimiento candidato al premio inexistente al Peor Título Literario: la Generación Nocilla. Y desde su lanzamiento desde el grupo de comunicación Prisa -publicitado en El País, publicado por Alfaguara: todo queda en casa-, sólo hemos asistido a un inmenso movimiento de promoción en el que se divaga y se discute del cómo de forma furibunda.

Para estimular el debate, Vicente Verdú publicó en El País un decálogo -tan (in)válido como puede ser un decálogo generado por un humano- sobre cómo debía ser la Literatura, que ha servido para apoyar a posteriori al colectivo recién llegado a las arcas del grupo. Un texto que trata de sentar cátedra. Como todos los textos. Nada nuevo. Muchos otros críticos más clásicos han criticado esa cátedra y han formulado su propia escala de valores. Nada nuevo.

En realidad, ninguno de estos decálogos, cátedras, opiniones, sirven para nada.

Hablar del Cómo es despreciar el Qué. Y ese es el principal problema de la literatura contemporánea.

Que no tiene nada que decir. Que desde hace décadas se fomenta una cultura escapista del ocio, y por tanto de la literatura. Observemos el metro de Barcelona, por ejemplo: mucha gente lee. Un vistazo más atento: ¿qué leen? Mayoritariamente, literatura que puedan abandonar fácilmente como se abandona un vagón en un andén.

Sin mirar atrás.

La banalización de la literatura que obtiene el ok de las editoriales es insalvable salvo por pequeñas editoriales, islas que todavía se niegan a considerar que la novela es meramente un producto. Un objeto regalable por navidad. Y naturalmente, islas que se arruinan y que no ganan dinero.

Se habla de la generación Nocilla, y no hemos leído nada de ellos. ¿Su hallazgo? La fragmentariedad. Algo completamente desconocido hasta su aparición. Algo que no inventó el montaje cinematográfico en paralelo ni, en referente moderno, el guión de Pulp Fiction (1994). Se ha alimentado un debate enorme y hay que bucear para hallar algo de texto literario.

Una vez hallado un texto, se lee con gusto. Es una literatura formalmente interesante. Pero carece de sentido, en tanto en cuanto no apunta a un qué. Es un virtuoso onanismo de alguien que sabe escribir. Probablemente bastante mejor que la basura de bajura que practican los totems de la literatura hispánica, Antonio Gala, Rosa Montero, Espido Freire, Lucía Etxebarría, Arturo Pérez-Reverte; pero con la misma carencia de una voz. De alguien que quiere poner un poco de luz en esta duda con patas que somos cada uno de nosotros. De alguien que quiere decir algo.

Por eso meter en google Generación Nocilla es un compendio de menciones cruzadas e insustanciales.

Porque si al hablar de Literatura estamos hablando de diferencias entre la novela clásica y la novela fragmentada, cometemos algo más que una memez: es una señal. Una señal de que no se escribe para contar algo, para romper una lanza, para abrirse el alma, para tratar de ir un poco más allá en lo que denominamos Realidad.

Y mientras la Realidad se nos come por los pies y las librerías están atestadas de pura Nada bien envuelta en cubiertas de tapa dura, tenemos que leer sandeces como

“Empezaré por ver qué pasa si le echo ketchup a En busca del tiempo perdido.”

Qué años nos esperan.

28 Marzo 2008

Freiheit stribt durch Sicherheit

En muchos balcones de Berlín cuelga esta frase. La Libertad Muere Por La Seguridad. La capital contestataria de la primera potencia exportadora mundial, con un 20% de población extranjera, ya mostraba en ventanas y terrazas esta frase mucho antes de que se destapara el último escándalo de espionaje empresarial, patrocinado en esta ocasión por Lidl.

Lidl, el segundo mayor supermercado de descuento en Alemania, espiaba desde 2006 a sus empleados mediante la instalación de microcámaras ocultas y la contratación de detectives, quienes recorrían muchas de las filiales de la empresa en diversos Länder del país. Sus funciones iniciales eran detectar los errores del personal que facilitaban los pequeños hurtos, típicos de todo supermercado (que en Lidl tenían dimensiones colosales: cada año desaparecía un 8% de su mercancía en circunstancias no aclaradas).

Pero es difícil detenerse en un punto concreto si nadie te frena.

Poco a poco, los detectives ampliaron su radio de acción y marcaban, con precisión endiablada, en un informe todo comportamiento “anormal”, lo cual pasaba desde quién no recogía un cartón en un pasillo, quién no reponía mercancía correctamente, hasta errores graves que los dueños de la empresa no podían pasar por alto:

“La señora N. tiene ambos antebrazos con tatuajes, los cuales parecen más bien de origen casero; ello podría ser catalogado como “tatuajes de presidio”, especialmente para los clientes de edad avanzada. Se debe advertir a la señora N. que durante su jornada de trabajo, y especialmente en la caja, debe mantener tapados sus antebrazos.”

“Conversan en polaco entre sí, ¡aunque haya clientes delante!”

Grave. Gravísimo tener tatuajes de apariencia no cara (curiosa paradoja cuando hablamos de una cadena de supermercados que no destaca precisamente por el cuidado de las apariencias de sus productos ni de sus lineales), o que dos trabajadoras del país vecino hablen en un idioma que cualquier cliente no pueda entender.

Lo grave, sin embargo, no es eso.

Lo grave es leer:

“La señora C y la señora S abandonan la filial para dirigirse a un curso de la empresa en Braunschweig. Ambas se manifiestan de forma negativa contra la mencionada formación. No comprenden la finalidad ni el sentido (de dicha formación); ambas esperan que el tiempo transcurra lo más rápido posible, y descartan de antemano una participación activa en la formación.”

“La señorita T habla telefónicamente con su novio sobre una cena conjunta. Pese a saber que el supermercado está lleno de gente y que todavía le quedan tareas por realizar, le promete que saldrá puntualmente, lo cual hace a las 15h.”

Prescindamos de categorizaciones fáciles. Prescindamos de lo aparente. Olvidemos el escaparatismo. Lo sencillo aquí es ver el ataque contra las libertades individuales; pero hay que avanzar más. ¿Es sólo un ataque contra personas concretas, contra su intimidad, contra su profesionalidad, o es realmente un ataque más profundo, más inhumano?

Para el detective y para Lidl, lo grave no es tanto errores en el trabajo del día a día, que todos cometemos y que podemos corregir sin necesidad de que nos espíen. Para la empresa, lo grave es el desapego a la empresa, a la figura patriarcal del jefe de filial y por tanto a la jerarquía de mando. Lo grave es tener un pensamiento disidente cuando se le exige a un empleado que haga horas extra y se niega, atreviéndose a salir a su hora de salida. Lo grave para una empresa es que un empleado tenga una vida privada que antepone a lo demás, entendiéndose lo demás como los encargos que decida un señor con el cociente intelectual de un tejón bizco. Lo grave es la falta de entusiasmo, la falta de corporativismo, como si con la nómina se incluyera la cláusula contractual de amar la empresa sobre todas las cosas. Lo grave es que alguien conserve la cordura y se atreva a decir que una formación que le va a retener fuera de su hogar y de su ciudad en fin de semana, perdiendo tiempo libre, es una idiotez sin sentido.

La anulación del individuo, pues, no es más que una consecuencia, no el leit-motiv. Eso es lo atroz. Porque la empresa da por hecha la entrega sin condiciones, y no sólo la da por hecha, sino que persigue cualquier atisbo de disidencia.

Lo de menos es qué empresa ha hecho esto, en realidad.

Porque en la empresa del siglo XXI, lo importante es exhibir un corporativismo de cartón-piedra si quiere sobrevivir. No importan minucias como el talento, la capacidad de resolver problemas. Sólo hay dos variables: cuántos culos se lamen y si cobras lo suficientemente poco como para no encontrar a alguien que haga tu trabajo por un poco menos de dinero que tú. Naturalmente, todos tenemos que pagar hipotecas, así que tragamos, aguantamos y rezamos para no ser nosotros los siguientes en la lista.

Sólo nos puede salvar que a veces no hay listas, que disimulamos bien, pero esa reducida tropa de encorbatados que viven en las alturas saben que todo es un teatro, que ellos dicen respetarnos y no lo hacen, y que nosotros decimos respetarles y les despreciamos.

Por eso las cámaras. Por eso los ordenadores con internet capado. Por eso los horarios con tarjeta de fichar.

La excusa es la seguridad. Para Lidl, la seguridad de destapar fallos que permiten los hurtos que suceden todos los días. Y para nuestros gobiernos, la seguridad antiterrorista. El ministerio del Interior alemán aprobó hace poco más de un mes el registro online de ordenadores en caso de sospechas terroristas. “No es nada que la población tenga que temer”, llegó a decir Wolfgang Schäuble, ministro del Interior.

Eso quiere decir, si no ocultas nada no tienes nada que temer.

Eso quiere decir, si temes algo, es que ocultas algo, es que no eres uno de los buenos.

Día a día, nuestras libertades individuales son recortadas un milímetro más sin que nosotros hagamos nada por evitarlo. Transigimos silenciosos, esperando que no nos afecte, imaginando que no nos afecta. Ahora que nuestros pasaportes son escaneados y almacenados no sabemos dónde, nos resulta imposible imaginarnos ese pasado anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando no existían los pasaportes y la gente (que pudiera pagárselo) simplemente se movía sin tener que mendigar visados, sin sentirse violados en los puestos fronterizos.

Lidl sólo es un diente del engranaje. Un diente que ahora afronta una brutal pérdida de imagen y probablemente demandas de sus trabajadores y compensaciones económicas astronómicas. Nada demasiado importante para Dieter Schwarz, el propietario, el cuarto hombre más rico de Alemania, con una fortuna estimada de 10.000 millones de euros.

Lidl es sólo el supermercado barato que tenía una minired de espionaje de bajo coste. Imaginad qué no hará un gobierno, un ministerio del Interior.

Y Orwell ya está demasiado muerto como para gritar, La libertad muere por la seguridad.

26 Marzo 2008

Culturas de la muerte

Así dicho asusta un poco, ¿verdad? La Muerte. Buf, buf, dirás mientras empiezas a mover los dedos para pasar de página. Pues sobre eso queremos hablar: de cómo se toman la muerte en otros lugares y cómo nos la tomamos aquí. Y no, no salimos ganando en la comparación.

Por Thomas Bernhard.

Hecho cierto número uno: a todos nos asusta la muerte. Es algo inevitable con lo que convivimos a diario, pero tratamos por todos los medios de que no nos toque, que no entre en las conversaciones del día a día. La ignoramos. Compramos ropa nueva, cambiamos de móvil, de peinado, de pareja. Jugamos a cualquier lotería para volver a empezar nuestra vida. Pero nada de eso puede borrar una certeza en la que nos negamos a pensar: un día morirás. ¿Y qué ocurre desde ese momento?

Obviemos las ceremonias innovadoras importadas de las películas americanas, con lanzamiento de cenizas al viento o al mar. Aunque la Constitución diga que somos un país aconfesional (ejem), la mayoría opta por el entierro tradicional de tumba, sepulcro o nicho. Y para eso existen los cementerios, que cobran dimensiones ciclópeas en ciudades como Madrid. Un Primero de Noviembre en La Almudena es lo más parecido al primer día de rebajas. El dolor se aglomera, la tristeza se da de empujones con cientos de tristezas que sólo se hacen reales ese día. Todo se trivializa y se dramatiza a la vez. Ésas son las Necrópolis, supermercados de la jardinería ocasional, ciudades fundadas entorno al dolor.

Hecho Cierto Número Dos: en España rendimos culto al Dolor, con mayúsculas. Más de la mitad de la programación televisiva habla de sucesos. Es nuestra herencia latina, por muy europeos que queramos ser. Es aburrido recurrir a los tópicos, pero cuando pensamos en un entierro italiano, las películas que hemos visto nos ponen en la cabeza una comitiva llena de mujeres gritando y haciendo aspavientos. Y en España hasta hace bien poco también era así: ahora nos hemos “civilizado”, y en vez de tener plañideras en los sepelios, tenemos urnas con cenizas. Pero sólo hay que salir de las capitales para encontrar un entierro solemne y lleno de ostensibles muestras de tristeza y llanto. Como los de antes.

Hecho Cierto Numero Tres: el dolor es universal, pero la forma de demostrarlo cambia. Y ahí es donde nacen las diferentes Culturas de la Muerte. Con seguridad ya habrás viajado a una gran ciudad europea, pero probablemente no hayas reparado en cómo son sus cementerios. Por muy gótico que se pueda ser, nadie viaja para ver tumbas. Pero basta dar un paseo por determinadas ciudades para observar que no necesitan edificar macrocementerios donde acumular los féretros. Mejor dicho: que han decidido conservar los pequeños cementerios de toda la vida e integrarlos en la nueva realidad, en vez de especular con el terreno y llevarse los restos a una necrópolis del extrarradio. Igualito que aquí.

En Berlín, Londres, París o incluso en Nueva York, los cementerios son parte del paisaje urbano, pequeños y ajardinados, remansos de paz concebidos como un lugar abierto para la reflexión o simplemente, como una zona verde. Nada de una inmensa explanada de terreno simétrico donde las tumbas parecen delineadas por Leni Riefensthal. Muchos y pequeños, contra uno y grande. Originalmente, la mayoría de estos pequeños cementerios datan de los siglos XVII en adelante, cuando eran terrenos adyacentes a iglesias o conventos, y por tanto, lugares apropiados para hacer enterramientos de miembros de la comunidad o monjes. Con el tiempo, se fueron abriendo al público en general, lo cual para muchos significó la desaparición por no ser “rentables”. Pero para otros muchos, fue la forma de sobrevivir, ya que al crecer la ciudad, se necesitaban esos terrenos como zona verde.

Zona verde primando sobre otros criterios. Eran otros tiempos.

Hoy en día, nadie se plantea visitar un cementerio a menos que tenga un familiar enterrado allí, o que tenga la tumba de alguna estrella famosa (Jim Morrison, el cantante de The Doors, está enterrado en el cementerio de Père Lachaise, en París, y es la cuarta atracción más visitada tras la Torre Eiffel, Nôtre Dame y el Centro Pompidou). Sin embargo, son un refugio para aquellos a quienes les molesta el bullicio de los parques y el desenfado de los almuerzos al aire libre: no son un lugar tétrico, sino un sitio silencioso con bancos en los que sentarse a leer un libro, a observar a los pájaros, a pensar o a no hacer nada. Otro ritmo en el desenfreno de una gran ciudad.

Porque no todo en la vida es internet, tiendas de ropa y el último disco de los Arctic Monkeys tío, que es total. Porque un día morirás. Y conviene recordárselo cada cierto tiempo, en silencio, en el banco de un viejo cementerio, para darse cuenta de lo verdaderamente importante.

Esto. Ahora.

18 Marzo 2008

Publicidad #1

¿Por qué nos vendemos tan mal los publicitarios?
La publicidad es clave en la construcción de las marcas.

Claro que hay marcas hechas con muy poca publicidad; Zara es el ejemplo español que se cita en casi todos los foros, pero se trata de un número muy reducido de excepciones y la mayoría de ellas pueden discutirse.

En el caso de Zara (que sólo hace algunas páginas endiarios con ocasión de las rebajas) no cabe duda de que sus locales en las mejores ubicaciones de cada ciudad constituyen una magnífica campaña de publicidad Exterior.

Pero hay otro aspecto clave al que me quiero referir hoy: la publicidad juega un papel fundamental en la financiación de los medios. La televisión en abierto o la radio han sido siempre gratuitas porque las pagaba la publicidad; pero ahora tenemos una potente prensa gratuita (diarios y revistas,la marca a la que se acoge este blog es un buen ejemplo) y acceso por internet a una cantidad casi infinita de contenidos por los que el usuario no paga nada.

Sin embargo, la imagen de la publicidad es mala.

Seguimos viendo cómo los medios nos tratan como un mal, necesario pero mal. Sigue siendo muy frecuente ver cómo se da paso a la publicidad casi invitando a que no se vea. Parece que los responsables de los contenidos de los medios no son conscientes de quién paga su sueldo.

Hemos sido capaces de crear marcas potentes, de introducir productos que el consumidor no sabía que necesitaba y hacerlos imprescindibles, de vender ideas, de cambiar el mundo, en muchos sentidos. Pero hemos fallado a la hora de vender nuestro producto: todo esto lo tienes gracias a la publicidad; llega a ti gracias a que, a la vez que te damos a conocer nuestra marca, te estamos pagando los medios en los que te informas y con los que te entretienes.

Quizás haya llegado el momento de hacer una campaña para vender nuestro trabajo.

Esta es la adaptación de un artículo que publiqué en la revista Brandlife hace ya más de un año: en noviembre de 2006. Pero creo que sigue estando plenamente vigente.

-Eduardo Madinaveitia , blogs 20Minutos

…respuesta #10, Thomas Bernhard

“…Seguimos viendo cómo los medios nos tratan como un mal, necesario pero mal. Sigue siendo muy frecuente ver cómo se da paso a la publicidad casi invitando a que no se vea. Parece que los responsables de los contenidos de los medios no son conscientes de quién paga su sueldo.”

Señor Madinaveitia, no es que se nos trate como a un mal. Es que somos parte del mal.

Somos el mensajero idiota que enriquece a los mismos de siempre. Somos un Rosencrantz ególatra.

Somos una profesión pagada de nosotros mismos, y ese es el único sueldo para miles de creativos que salvan el culo de sus directores creativos con sueldos que miles de senegaleses rechazarían de plano, porque ellos ya saben que la esclavitud se abolió hace décadas.

Somos una profesión en la que los tarados que trabajamos en ella comentamos con tristeza, cuando nos encontramos, cuál es nuestro récord de horas seguidas trabajando sin salir de la agencia. El mío es 29 sin estupefacientes, algo no muy común en la profesión.

Esa profesión que “paga” a los medios, según su interpretación torticera y orgullosa, es una profesión en la que se paga poco a la gente y sólo somos mensajeros de idiotas que rigen departamentos de comunicación en empresas, idiotas que ignoran la diferencia comunicativa entre un spot y un tríptico.

Una profesión donde agencias punteras y que aparecen en los medios de comunicación como “referentes” tienen a gente trabajando sin contrato por 120 euros al mes en tiquets restaurant, mientras que sus directivos y directores creativos gastan miles de euros en cocaína cada mes.

Una profesión que en los 80 se hizo de oro a base de robar dinero a sus clientes al inflar sistemática los presupuestos de producción gráfica y audiovisual y planes de medios.

¿Una profesión que paga qué?

Por favor.

Atentamente,

Thomas Bernhard, copy durante 8 años en 3 agencias multinacionales.

17 Marzo 2008

sobre la estandarización de la miseria

miseria

Durante décadas, las naciones se han diferenciado entre sí por más cosas que una simple bandera. Un entramado distinto de leyes, costumbres, usos y redes de transporte. Por ejemplo. Las legislaciones laborales de cada país eran otro de los terrenos abonados a la diferencia, y si alguien tiene la inmensa suerte de conocer varias lenguas, puede explorar ese terreno personalmente, aventurarse en otros universos, oler otro aire, caminar por lugares donde las avenidas no se llaman avenidas.

Sin embargo, en este proceso cancerígeno irreversible llamado globalización (que deberíamos llamar ya “estandarización”), los países se pliegan a normas macroeconómicas que ni mucho menos flexibilizan la fuerza de trabajo, pese a utilizar ese término. La única flexibilización generalizada es el abaratamiento del despido, cuando en realidad el término de flexibilización pretendía -ilusión que no falte- horizontes por aquel entonces prácticamente de ciencia ficción, como el teletrabajo.

Por supuesto, toda esta jerga sólo la utilizan los que tienen la sartén por el mango. La gentuza abúlica e inútil que jamás será despedida y que suele ser quien decide los despidos.

A los demás, nos quedan los hechos.

Hecho: España es una gran reina de la estandarización de la miseria laboral. Diversas reformas laborales ante las que se protestó poco o nada se instalaron para asegurar a España la competitividad necesaria para el siglo XXI.

Hecho: España no es una vanguardia de las peores medidas importadas de la peor parte del modelo económico norteamericano. Sólo es el niño pelota y marginado que trata de caerle más simpático a sus compañeros siendo más chulo que ellos, más gracioso que ellos, más brutal que ellos.

Hecho: Mientras España instala los modelos norteamericanos de forma plena, sonriendo con el orgullo con el que sonreían los revolucionarios analfabetos rusos en los años 20 cuando descubrieron la electricidad y pensaban que eso lo habían inventado los soviets, el resto de Europa lleva años lanzada a ese proceso de fascismo económico llamado precaridad laboral.

Hecho: Dentro de Europa, hay países que han abrazado el nuevo modelo económico que beneficia a los de siempre con el fervor integrista de quien acaba de dejar el tabaco y da la brasa a todos sus conocidos para que lo dejen, y hay países que lo han incorporado dentro de sus propios marcos laborales, en general bastante más respetuosos con el trabajador y que niegan la imposibilidad técnica de la esclavitud.

Hecho: Cuando uno de los países que no generalizan la aplicación de modelos laborales esclavistas comienza a dar cada vez más hueco a ofertas insultantes, es que algo terrible está sucediendo.

Hecho: Hoy en día, en Alemania, uno puede encontrarse una oferta así:

Trabajador con 3 idiomas, jornada de 42 horas semanales, puesto de trabajo a 1,5 horas de tu residencia, se trabaja también dos fines de semana al mes, horario de trabajo variable entre las 8 de la mañana y las 8 de la tarde (variable quiere decir que la empresa decide cada semana qué horario te toca), por ett, ningún complemento de transporte, sueldo neto…

980 euros al mes.

Algo muy terrible se cierne sobre todos nosotros. Porque si estas ofertas están aquí antes de que llegue la crisis -con la misma procedencia que estos modelos infernales y vergonzantes, los EEUU-, qué horizonte de futuro nos espera a todos.

…bueno, a mí me la pela, yo tengo trabajo, será el comentario mayoritario de quien lea esto.

…Consérvalo si puedes.

-Próxima entrega: sobre la literatura como fenómeno de bajura.

13 Marzo 2008

esto es un post de estrenos

estreno dominio, estreno blog, estreno voluntad de avanzar, estreno tabaco viejo.

y al fondo el rumor de la vida, existiendo y bostezando para acostarse.